Recuerdos a compartir

Después un largo día en la escuela,  volví a casa, allí estaba mi mama esperándome, no para darme la bienvenida, sino para indicarme las tareas caseras que debía hacer, repitiéndome una y mil veces la infalible frase que las madres suelen repetir a sus hijas:  “no hay solo escuela, tienes que aprender a ser una ama casa” sin pronunciar ni una palabra, entró en la cocina (palacio de mi mama), me senaló el fregadero lleno de vajilla que tenía que fregar, luego lavar la ropa de toda la familia hasta que mis manos se abultaran. Y por fin, la ayudé a preparar la comida…

Una vez mi dulce mama terminó sus órdenes, me permitió hacer mis deberes escolares hasta tarde en la noche ¡qué alivio! Nunca me enfadé por su comportamiento porque sabía que quería lo mejor para, encima de eso me animó de una manera o de otra a ser una trabajadora, sacando buenas notas.

No fue la única, muchas de mis iguales de la generación ochentona vivían en la misma situación, sin embargo pocas de ellas han podido combinar escuela y laboro de hogar, acabando por renunciar a sus estudios o a las labores domésticas.

Por supuesto, las muchachas de hoy no saben nada de este tipo de dificultades a las que se  a las generaciones precedentes, pues actualmente las madres son más conscientes de la importancia de la escuela, así que exigen a sus hijas que se focalicen solo en sus estudios, proporcionándoles el ambiente adecuado para conseguirlo sin imponerles condiciones, ya que quieren que sus hijas sean lo que ellas no pudieron ser.

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